jueves 29 de noviembre de 2007

Un Cuento de navidad

El Soldadito de Plomo Hans Christian Andersen



Érase una vez un niño que tenía muchísimos juguetes. Los guardaba todos en su habitación y, durante el día, pasaba horas y horas felices jugando con ellos.

Uno de sus juegos preferidos era el de hacer la guerra con sus soldaditos de plomo. Los ponía enfrente unos de otros, y daba comienzo a la batalla. Cuando se los regalaron, se dio cuenta de que a uno de ellos le faltaba una pierna a causa de un defecto de fundición.

No obstante, mientras jugaba, colocaba siempre al soldado mutilado en primera línea, delante de todos, incitándole a ser el más aguerrido. Pero el niño no sabía que sus juguetes durante la noche cobraban vida y hablaban entre ellos, y a veces, al colocar ordenadamente a los soldados, metía por descuido el soldadito mutilado entre los otros juguetes.

Y así fue como un día el soldadito pudo conocer a una gentil bailarina, también de plomo. Entre los dos se estableció una corriente de simpatía y, poco a poco, casi sin darse cuenta, el soldadito se enamoró de ella. Las noches se sucedían deprisa, una tras otra, y el soldadito enamorado no encontraba nunca el momento oportuno para declararle su amor. Cuando el niño lo dejaba en medio de los otros soldados durante una batalla, anhelaba que la bailarina se diera cuenta de su valor por la noche , cuando ella le decía si había pasado miedo, él le respondía con vehemencia que no.

Pero las miradas insistentes y los suspiros del soldadito no pasaron inadvertidos por el diablejo que estaba encerrado en una caja de sorpresas. Cada vez que, por arte de magia, la caja se abría a medianoche, un dedo amonestante señalaba al pobre soldadito.

Finalmente, una noche, el diablo estalló.
-¡Eh, tú!, ¡Deja de mirar a la bailarina!
El pobre soldadito se ruborizó, pero la bailarina, muy gentil, lo consoló:
-No le hagas caso, es un envidioso. Yo estoy muy contenta de hablar contigo.
Y lo dijo ruborizándose.

¡Pobres estatuillas de plomo, tan tímidas, que no se atrevían a confesarse su mutuo amor!

Pero un día fueron separados, cuando el niño colocó al soldadito en el alféizar de una ventana.

-¡Quédate aquí y vigila que no entre ningún enemigo, porque aunque seas cojo bien puedes hacer de centinela!-

El niño colocó luego a los demás soldaditos encima de una mesa para jugar.

Pasaban los días y el soldadito de plomo no era relevado de su puesto de guardia.

Una tarde estalló de improviso una tormenta, y un fuerte viento sacudió la ventana, golpeando la figurita de plomo que se precipitó en el vacío. Al caer desde el alféizar con la cabeza hacia abajo, la bayoneta del fusil se clavó en el suelo. El viento y la lluvia persistían. ¡Una borrasca de verdad! El agua, que caía a cántaros, pronto formó amplios charcos y pequeños riachuelos que se escapaban por las alcantarillas. Una nube de muchachos aguardaba a que la lluvia amainara, cobijados en la puerta de una escuela cercana. Cuando la lluvia cesó, se lanzaron corriendo en dirección a sus casas, evitando meter los pies en los charcos más grandes. Dos muchachos se refugiaron de las últimas gotas que se escurrían de los tejados, caminando muy pegados a las paredes de los edificios.

Fue así como vieron al soldadito de plomo clavado en tierra, chorreando agua.

-¡Qué lástima que tenga una sola pierna! Si no, me lo hubiera llevado a casa -dijo uno.

-Cojámoslo igualmente, para algo servirá -dijo el otro, y se lo metió en un bolsillo.

Al otro lado de la calle descendía un riachuelo, el cual transportaba una barquita de papel que llegó hasta allí no se sabe cómo.

-¡Pongámoslo encima y parecerá marinero!- dijo el pequeño que lo había recogido.

Así fue como el soldadito de plomo se convirtió en un navegante. El agua vertiginosa del riachuelo era engullida por la alcantarilla que se tragó también a la barquita. En el canal subterráneo el nivel de las aguas turbias era alto.

Enormes ratas, cuyos dientes rechinaban, vieron como pasaba por delante de ellas el insólito marinero encima de la barquita zozobrante. ¡Pero hacía falta más que unas míseras ratas para asustarlo, a él que había afrontado tantos y tantos peligros en sus batallas!

La alcantarilla desembocaba en el río, y hasta él llegó la barquita que al final zozobró sin remedio empujada por remolinos turbulentos.

Después del naufragio, el soldadito de plomo creyó que su fin estaba próximo al hundirse en las profundidades del agua. Miles de pensamientos cruzaron entonces por su mente, pero sobre todo, había uno que le angustiaba más que ningún otro: era el de no volver a ver jamás a su bailarina...

De pronto, una boca inmensa se lo tragó para cambiar su destino. El soldadito se encontró en el oscuro estómago de un enorme pez, que se abalanzó vorazmente sobre él atraído por los brillantes colores de su uniforme.

Sin embargo, el pez no tuvo tiempo de indigestarse con tan pesada comida, ya que quedó prendido al poco rato en la red que un pescador había tendido en el río.

Poco después acabó agonizando en una cesta de la compra junto con otros peces tan desafortunados como él. Resulta que la cocinera de la casa en la cual había estado el soldadito, se acercó al mercado para comprar pescado.

-Este ejemplar parece apropiado para los invitados de esta noche -dijo la mujer contemplando el pescado expuesto encima de un mostrador.

El pez acabó en la cocina y, cuando la cocinera la abrió para limpiarlo, se encontró sorprendida con el soldadito en sus manos.

-¡Pero si es uno de los soldaditos de...! -gritó, y fue en busca del niño para contarle dónde y cómo había encontrado a su soldadito de plomo al que le faltaba una pierna.

-¡Sí, es el mío! -exclamó jubiloso el niño al reconocer al soldadito mutilado que había perdido.

-¡Quién sabe cómo llegó hasta la barriga de este pez! ¡Pobrecito, cuantas aventuras habrá pasado desde que cayó de la ventana!- Y lo colocó en la repisa de la chimenea donde su hermanita había colocado a la bailarina.

Un milagro había reunido de nuevo a los dos enamorados. Felices de estar otra vez juntos, durante la noche se contaban lo que había sucedido desde su separación.

Pero el destino les reservaba otra malévola sorpresa: un vendaval levantó la cortina de la ventana y, golpeando a la bailarina, la hizo caer en el hogar.

El soldadito de plomo, asustado, vio como su compañera caía. Sabía que el fuego estaba encendido porque notaba su calor. Desesperado, se sentía impotente para salvarla.

¡Qué gran enemigo es el fuego que puede fundir a unas estatuillas de plomo como nosotros! Balanceándose con su única pierna, trató de mover el pedestal que lo sostenía. Tras ímprobos esfuerzos, por fin también cayó al fuego. Unidos esta vez por la desgracia, volvieron a estar cerca el uno del otro, tan cerca que el plomo de sus pequeñas peanas, lamido por las llamas, empezó a fundirse.

El plomo de la peana de uno se mezcló con el del otro, y el metal adquirió sorprendentemente la forma de corazón.

A punto estaban sus cuerpecitos de fundirse, cuando acertó a pasar por allí el niño. Al ver a las dos estatuillas entre las llamas, las empujó con el pie lejos del fuego. Desde entonces, el soldadito y la bailarina estuvieron siempre juntos, tal y como el destino los había unido: sobre una sola peana en forma de corazón.

miércoles 21 de noviembre de 2007

Como niña en juguetería...

Ya se porqué se hace vicio lo de los intercambios...

Si bien es cierto se disfruta MONTONES haciendo un regalito para tu amiga, también se disfruta otro montón recibiendo el tuyo y yo ya recibí el mi sorpresa del Intercambio Navideño.

Y como lo dice el título ayer me sentía como una niña en una juguetería, al ver las cositas taaaaaaaaaaaan lindas que me envio Adriana de Argentina (Adryteje)

Les presento a mis tesoritos.... los adornitos tienen un acabado precioso y la tarjeta es bastante linda y original










He aquí el paquete completo... por su puesto del turrón ya solo queda el empaque jejeje...




Adriana son preciosossssssssss!!!!!!!! Muchísimas gracias y que Dios te bendiga!!!!

viernes 16 de noviembre de 2007

Cambio de look


Como a mi me encanta la Navidad y me gusta disfrutarla desde antes, además debía de cambiar un poco mi blog, me animé a cambiarle un poco el look.

Por supuesto, que esto no hubiera sido posible sin la gran ayuda de mi amiga Ivonne, que me sacó de más de una torta que me jalé en este proceso.

Perdí algunas cosas, entre los más importantes los links a otros blogs, por esto he tenido la ardua tarea de buscarlos y por eso hay muchos blogs que no aparecen,pero estoy en proceso pues quiero recuperarlos todos.

Por otro lado, he estado muy ocupada con mis clases de pintura country y con unos intercambios en los que me he metido y me tienen atareada

Por todo lo demás y gracias a Dios, mi vida anda en orden y todo bien.

Y ustedes como se preparan para la navidad???? cómo suelen celebrarlo???
Espero que me cuenten....

Les dejo unas imágenes que me mandó por correo Ivonne y que me encantaron, fueron hechas en las Islas Canarias, me parecen fabulosas.

Abrazos y besos

martes 6 de noviembre de 2007

Les quiero contar que


Hoy me siento una mujer vencedora....

Hoy he dicho que no a alguien que me pedía algo que en realidad no quería hacer y que a veces por compromiso, accedía.... pero sabía que si decía si, yo no estaría bien conmigo misma....


Hoy eh vuelto a ganar mi libertad sentimental...me topé con personas que temía desde hace mucho tiempo volver a ver... ya lo hice y lo superé, me di cuenta que he madurado y que ya no influyen tanto en mi vida ni me roban la paz más

Hoy me siento libre y vencedora....he ganado un paso más en esta vida y me he liberado de unas cuantas ataduras... y para serles sincera!!!! Me siento muy bien.

Espero que ustedes también se liberen de ataduras que a veces llevamos adentro y por temores mal infundados seguimos cargando. Libérense, se siente muy rico!!!!

Un abrazo

La historia de Papá Noel



Por todo el mundo, Papá Noel es reconocido por distintos y variados nombres. Es también llamado de San Nicolás, Santa Claus, Viejito Pascurero, Padre hielo,… nombres que varían mucho según el idioma de allí donde visite Papá Noel en la Nochebuena, noche de Navidad.
Las historias acerca de Papá Noel también varían, así como las formas que tienen los niños, según el país, de vivir esta ansiada noche.

La figura del viejito barrigudo, de tez rosada, vestido con traje rojo, y larga barba blanca, se ha convertido en el personaje principal de las fiestas de Navidad. Pero, ¿quién es este señor a quién miles de niños de todo el mundo, escriben una carta contando como se han portado y pidiendo un regalo para la noche de Navidad?


Una historia de Papá Noel
Cuenta la historia que Nicolás nació en el siglo IV, en Mira (actual Turquía). Nacido en la cuna de familia rica y acomodada, desde su niñez, Nicolás siempre se hizo popular por su bondad y por su generosidad con los pobres. Siempre se preocupó por los demás. Pero una terrible epidemia de una enfermedad incurable dejó sin vida a su familia, haciéndolo heredero de una gran fortuna. A los 19 años de edad, Nicolás decidió entonces dedicarse al sacerdocio y invirtió su fortuna en hacer regalos a los niños pobres y huérfanos. Profesaba en un monasterio y fue nombrado posteriormente obispo, en Mira (Turquía).


El aspecto de San Nicolás de Bari era muy distinto al que se le atribuye hoy. Tenía la complexión delgada y de gran estatura, y se vestía como un sacerdote. El hecho de que lo represente siempre con una bolsa y tenga la fama de repartidor de regalos se debe a que San Nicolás supo en una ocasión que uno de sus vecinos se encontraba en bancarrota y que estaba desesperado por no tener la dote de su hija, comprometida para casarse en fecha próxima. Al conocer las dificultades de su vecino, San Nicolás dejó una bolsa con monedas de oro como un obsequio en la casa del mercader. La boda se celebró y desde entonces cobró fuerza la costumbre de intercambiar regalos en Navidad.

San Nicolás fue un santo muy popular que falleció el 6 de diciembre del año 345. En razón de que la fecha del santo se acercaba a la de la Navidad, se decidió que San Nicolás sería una figura excelente para repartir regalos y golosinas a los niños el día de Navidad. En el año 1087, los restos de San Nicolás fueron llevados a Bari (en Italia), donde se construyó una iglesia en su nombre. Se han construido muchísimos templos dedicados a este santo, desde el siglo VI. Es el santo patrón de Rusia, de Grecia, y de Turquía. También fue nombrado Patrono de los marineros porque, cuenta otra historia, estando algunos de ellos en medio de una terrible tempestad en alta mar y viéndose perdidos, comenzaron a rezar y a pedir a Dios por intervención de San Nicolás. Las agua se calmaron enseguida. En el siglo XII la tradición católica de San Nicolás creció por Europa, y hacia el siglo XVII emigrantes holandeses llevaron la costumbre a Estados Unidos, donde se suele dejar galletas o pasteles caseros y un vaso de leche a Santa Claus. Por cierto, el nombre Santa Claus se crió a raíz del nombre del santo en alemán, San Nikolaus.


Santa Claus
Aunque la leyenda de Papá Noel sea antigua y compleja, y proceda en gran parte de San Nicolás, la imagen familiar de Santa Claus, con el trineo, los renos, y las bolsas con regalos es una invención estadounidense. Hasta que el escritor inglés Clement Moore lo imaginó en un trineo llevado por ocho renos, Papá Noel repartía sus regalos a pie o montado en un caballo. A los norteamericanos también se responsabilizan por la imagen de Papá Noel. En 1931 una marca de gaseosas encargó al caricaturista Thomas Nast que dibujara un Papá Noel para su campaña navideña. La imagen del Papá Noel vestido de rojo, con cinturón y botas negras, se quedó en el imaginario popular y jamás ha sido cambiada, aunque San Nicolás haya vestido a Papá Noel de verde.


Hoy día la historia se difiere bastante. Santa Claus vive en el polo norte donde mantiene un taller con duendes que le ayudan a fabricar los juguetes solicitados por los niños de todo el mundo. Además se mueve a través de un trineo llevado por al menos 9 renos: Rudolph, Donner, Blitcher, Cometa, Cupido, Brillante, Danzante, Centella y Zorro. Y que deja los regalos al pie del árbol de Navidad.